Membrillo en la mochila: por qué el dulce de toda la vida se coló en las carreras largas y qué hay que tener en cuenta
El clásico dulce de membrillo, ese que no falta en ninguna mesa argentina, aparece como opción para sumar carbohidratos en esfuerzos extensos. Especialistas y manuales de nutrición deportiva aclaran qué aporta, qué no y cómo combinarlo sin sorpresas en el camino.
A pleno sol, mientras la térmica trepaba sin aviso y el río Paraná reflejaba una luz blanca que parecía insistir, en el parque de Costanera un grupo de corredores se acomodaba para una salida larga. Algunos masticaban trozos de algo oscuro y denso; otros acomodaban geles y barritas en sus cintos. La escena, que mezcla tradición criolla con tecnología deportiva, resume una pregunta cada vez más repetida en grupos de entrenamiento y redes: sirve el dulce de membrillo como combustible durante una carrera extensa? La respuesta corta es que puede aportar energía, pero no reemplaza al resto de la alimentación ni a la hidratación, y exige una planificación cuidadosa para evitar descomposturas a mitad de camino.
Cuántos carbohidratos tiene cada porción
El primer punto a resolver es simple y a la vez engorroso: cuánto carburante entrega realmente cada pedazo. Los geles y las barritas deportivas detallan en la etiqueta la cantidad de carbohidratos por unidad, lo que permite calcular con precisión cuántas dosis se necesitan según la duración del esfuerzo. Con el dulce de membrillo la cosa cambia: el tamaño de cada trozo no permite saber a simple vista cuántos gramos de azúcar aporta, porque depende de la receta, del punto de cocción y de la proporción entre fruta y azúcar.
Por eso, para organizar lo que se lleva a la mochila, conviene consultar la etiqueta del producto comprado o, si es una preparación casera, estimar la composición a partir de los ingredientes. Esa información es clave para decidir cuánto llevar y cómo combinarlo con otros alimentos ya probados en entrenamientos previos. Una porción elegida a ojo, coinciden los manuales consultados, no equivale necesariamente a un gel.
La prueba digestiva, tan importante como la prueba de piernas
- Antes de sumar el membrillo a una carrera, hay que probarlo en los entrenamientos largos para ver cómo lo tolera cada uno.
- La fibra y las grasas de mezclas con avena o frutos secos pueden hacer más lenta la digestión.
- La temperatura ambiente, la intensidad del trote y la cantidad consumida influyen en la respuesta del estómago.
- Una mezcla que funciona como desayuno o merienda puede resultar pesada mientras se corre.
Qué dicen los manuales y qué falta
Para actividades que superan la hora, la referencia que repiten los manuales de nutrición deportiva es de 30 a 60 gramos de carbohidratos por hora, con ajustes individuales según la tolerancia de cada corredor. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva señala que las necesidades cambian según la exigencia, el ambiente y cómo responda el intestino de cada uno. La Asociación Dietética Británica, en tanto, indica que consumir carbohidratos puede beneficiar el rendimiento cuando el ejercicio intenso pasa la hora. Eso significa que el membrillo puede ser una pieza más del rompecabezas, pero rara vez alcanza por sí solo.
El abastecimiento debe contemplar además lo que se pierde con el sudor: el dulce de membrillo no sustituye los líquidos ni resuelve las necesidades de sodio. En sesiones largas, sobre todo con calor o humedad, la alimentación y la hidratación deben pensarse en conjunto, con electrolitos cuando las condiciones lo justifiquen. Y al terminar, reponer energía es solo una parte de la recuperación: según el esfuerzo y el tiempo hasta la próxima sesión, la comida posterior puede necesitar proteínas, líquidos y minerales además de carbohidratos.
“La fibra y las grasas pueden hacer más lenta la digestión y favorecer molestias durante esfuerzos exigentes.”Manual de nutrición deportiva citado en el informe
La palabra del corredor, con nombre y barrio
Carlos, de Caballito, que entrena para su primera media maratón, lo resume con una frase que repite cada sábado en la plaza: yo lo llevo en un taper, cortado en cubitos chiquitos, y junto con el gel y la botella con sales. Me da la sensación de comer algo de casa, algo nuestro, mientras le doy a las piernas lo que piden. Para él, que arrancó a correr grande y se crio con la merienda de la abuela, el membrillo no compite con los productos de la tienda: los complementa. Y en eso, coinciden los especialistas, está la clave: no se trata de elegir uno u otro, sino de armar un plan que contemple combustible, agua, sales y descanso, con pruebas previas y ajustes personales.
La nota queda abierta, como queda la puerta de un almacén de barrio cuando el sol empieza a bajar y un grupo de runners pasa caminando para soltar las piernas. Alguno se detiene, compra un alfajor y una botella de agua; otro, en cambio, abre el taper y se sirve un trozo de dulce de membrillo, ese que su madre le manda desde Concepción del Uruguay cada vez que visita la casa. La energía, como la memoria, también se hereda.
