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Nintendo se gastó una fortuna en cine porno: la historia oculta detrás del archivo más insólito de los noventa

A comienzos de los años noventa, una productora rodó en dos días y por veinte mil dólares dos parodias adultas de Super Mario. La estrategia de la empresa japonesa para que nadie las viera fue comprarlas y encerrarlas en un cajón. Hoy, casi nadie las vio, pero la historia ya se sabe.

Por Nadia ChamorroCultura y espectáculos · 5 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Me imagino la cara del ejecutivo de Nintendo cuando le bajaron el reporte desde Estados Unidos. Eran los primeros años de la década del noventa y la compañía japonesa venía de pegar el batacazo más doloroso de su historia reciente: la película oficial de Super Mario, rodada con actores de carne y hueso y mucho presupuesto, se había estrellado en la taquilla y había sido destrozada por la crítica especializada. La imagen del fontanero bigotudo estaba por el piso. Y mientras los directivos de Kyoto evaluaban cómo limpiar ese papelón, les llegó la noticia de que, en algún sótano de Los Angeles, alguien había filmado dos películas porno inspiradas en Mario Bros, con presupuesto de producción de una fiesta de casamiento y un elenco encabezado por Ron Jeremy, el actor adulto más famoso de la época.

Lo que siguió fue una de las operaciones más curiosas de la historia de la propiedad intelectual en el entretenimiento, y que los lectores más memoriosos de la sección seguramente no conocen: en vez de iniciar un juicio o pedir un retiro de catálogo, Nintendo compró las cintas. Literalmente. Las adquirió, las pagó y las mandó al archivo, con la idea de que cuanto menos se hablara de ellas, mejor. La estrategia funcionó durante más de una década, al punto de que mucha gente llegó a dudar de que esas películas hubieran existido alguna vez.

Un rodaje exprés en pleno boom de Mario

El responsable fue el director y actor Buck Adams, que vio el negocio donde otros solo veían un dibujo animado de un plomero con overalls. En 1993, en plena fiebre del Super Nintendo y de la franquicia que había salvado a la industria de los videojuegos después del crash del 83, Adams reunió a su equipo y produjo una parodia que se llamó, sin mucho margen para la imaginación, Super Hornio Brothers. El rodaje se completó en apenas dos jornadas y el presupuesto total rondó los veinte mil dólares, una cifra ridícula incluso para los estándares del cine independiente.

El material salió tan extenso que la producción terminó dividida en dos entregas: Super Hornio Brothers y Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns. Ambas se estrenaron al mismo tiempo que la película oficial de Super Mario que dirigió el matrimonio de Rocky Morton y Annabel Jankel, recordado todavía como uno de los experimentos más fallidos de la historia de las adaptaciones de videojuegos al cine.

La compra silenciosa

El contexto fue decisivo. La versión oficial había fracasado y Nintendo tenía la moral por el suelo. La compañía japonesa, acostumbrada a proteger a sus personajes con mano firme, decidió entonces actuar también sobre las parodias y adquirir los derechos de las dos películas pornográficas poco después de su lanzamiento. La operación se hizo con una discreción deliberada: el objetivo no era redistribuir el material, sino dejarlo archivado y evitar que nadie pudiera explotarlo comercialmente.

La movida dio resultado. Durante años, en foros especializados y en conversaciones de coleccionistas, la pregunta se repetía: ¿existieron realmente esas cintas o eran un mito urbano? La respuesta se confirmó en 2009, cuando apareció en internet una copia parcial de la segunda entrega, que además incluía un resumen argumental de la primera. Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, salió a hablar del tema en distintas entrevistas y confirmó que los derechos pertenecen a Nintendo y que legalmente es imposible reeditarlas o distribuirlas. La primera película sigue sin aparecer en ningún circuito accesible.

El episodio quedó como un caso de manual, aunque sea un manual bastante insólito, sobre los límites de la protección de marca: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos no para exhibirlo, sino para garantizar que nadie pudiera verlo. Una estrategia de borrado por absorción que, vista desde hoy, parece casi de manual de espionaje corporativo.

Lo que se sabe y lo que no

  • Las dos películas se filmaron en 1993, en dos días, con un presupuesto cercano a los veinte mil dólares y elencos encabezados por Ron Jeremy y Buck Adams.
  • Nintendo compró los derechos poco después del estreno, tras el fracaso de la película oficial Super Mario Bros., con el objetivo de archivarlas y no generar publicidad adicional.
  • La estrategia funcionó durante más de una década y muchos llegaron a dudar de la existencia misma de las cintas.
  • En 2009 se filtró una copia de Super Hornio Brothers 2, con un resumen de la primera entrega incluida.
  • La película original sigue desaparecida y, según Ron Jeremy, no se puede relanzar porque los derechos son de Nintendo.

La pregunta que queda dando vueltas, y que les dejo a ustedes, es si Nintendo fue brillante al mantenerlas en el olvido o si ya es tarde: hoy cualquiera puede googlear el nombre y enterarse de todo. ¿Las conocían, o se acaban de enterar como yo cuando me senté a escribir esta nota?

NC
Nadia ChamorroCultura y espectáculos

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