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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Pileta, agua tibia y una aliada para el cuerpo que duele: qué hace la terapia acuática y a quién le sirve

Un recorrido por una disciplina que se apoya en flotar, resistir y empujar dentro del agua para rehabilitar articulaciones, calmar dolores crónicos y acompañar recuperaciones posquirúrgicas y neurológicas, siempre con indicación médica.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 7 h
Pileta, agua tibia y una aliada para el cuerpo que duele: qué hace la terapia acuática y a quién le sirve

Arrancamos la tarde con esa humedad pegajosa que te queda en la piel apenas cruzás la puerta y se mezcla con el olor a lavandina, y de pronto el líquido que en cualquier pileta de barrio sirve para refrescarse aparece convertido en herramienta de rehabilitación. La terapia acuática es justamente eso: una manera de tratar el cuerpo en movimiento adentro del agua, bajo la supervisión de un profesional y con un plan pensado cuadro por cuadro, paciente por paciente.

«Acá en el barrio de La Boca vengo los martes y jueves, y la verdad que al salir del agua camino mucho mejor», me cuenta Donato, jubilado de 67 años, mientras se seca la nuca con una toalla gruesa. Lo suyo es una artrosis de cadera que arrastra desde hace años, y su médica de cabecera le sugirió empezar sesiones de hidroterapia como complemento del tratamiento que ya venía haciendo. Casos como el de Donato son los más habituales en los centros especializados, donde la pileta deja de ser un lugar de esparcimiento para transformarse en escenario clínico.

Cómo trabaja el agua sobre el cuerpo

La disciplina se sostiene sobre cuatro propiedades que el agua aporta de manera natural y que cambian la lógica del movimiento: la flotabilidad, la resistencia, la presión hidrostática y la temperatura. Cada una cumple un papel distinto y se aprovecha en función del objetivo de la sesión, algo que el terapeuta define después de una evaluación individual que contempla el estado de salud, la condición física y los pasos que se quieren ir dando con cada paciente.

  • La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal, lo que facilita ejercicios que en tierra serían dolorosos o directamente imposibles.
  • La resistencia del agua permite trabajar la musculatura sin pesas ni máquinas, porque el medio líquido ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire y obliga al cuerpo a reclutar fibras para avanzar.
  • La presión hidrostática actúa como una especie de venda envolvente que puede ayudar a reducir la hinchazón de los tejidos blandos.
  • El agua tibia favorece la relajación muscular y prepara el cuerpo para moverse con menor rigidez.

Para qué cuadros se indica y qué se trabaja dentro de la pileta

Las sesiones combinan movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, práctica de equilibrio y entrenamiento de la marcha, siempre con la guía del profesional. La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, definió la modalidad como una fisioterapia con el aporte extra de la ingravidez y explicó que el trabajo en pileta suele usarse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra firme.

En el listado de indicaciones aparecen artritis, dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, además de instancias previas o posteriores a cirugías ortopédicas. También se la menciona como complemento en fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis. En cuadros neurológicos como enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple osecuelas de un accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menos riesgo de caídas, un punto clave para la confianza del paciente, como bien sabe cualquiera que haya visto a un familiar sostenido apenas por la tensión de sus propios músculos.

Una aclaración que los profesionales remarcan y que vale la pena repetir: no hace falta saber nadar para empezar. Las piletas son de poca profundidad y los ejercicios se adaptan al nivel de cada persona, de modo que la preocupación por zambullirse queda afuera de la terapia. Los programas suelen organizarse en ciclos que van de dos a ocho sesiones, con seguimiento médico de por medio, y el objetivo siempre es que el cuerpo vaya recuperando funciones hasta poder trasladarlas al andar cotidiano, ese que se mide en subir escaleras, cruzar la calle o levantarse de una silla sin pedir ayuda.

Me despido de Donato en la puerta del centro, todavía con el pelo mojado y esa calma que deja el agua tibia cuando te envolvió un rato largo. Camina hacia la parada del colectivo con un ritmo nuevo, más parejo, más seguro, como si cada paso estuviera reaprendiendo en pequeño eso que la hidroterapia devuelve a quienes se animan a flotar antes de volver a pisar firme.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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