Tres clásicos para entender por qué Filmin vale la pena: Dreyer, Kubrick y Coppola en una misma plataforma
La pasión de Juana de Arco, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y El padrino abren una puerta de entrada a un catálogo que cruza décadas y géneros, desde la sátira nuclear hasta el cine de juicios y la mafia.
Les cuento cómo terminé frente al catálogo de Filmin esta semana: venía buscando algo para poner de fondo mientras ordenaba unos papeles y, de tanto pasar opciones, me detuve en una selección que juntaba nombres que no suelen coincidir en una misma grilla. Ahí estaban Carl Theodor Dreyer, Stanley Kubrick y Francis Ford Coppola, como esperando a quien se anime a entrar. Y entré, claro. Les comparto lo que encontré.
Lo primero que me llamó la atención es que la propuesta no se queda en el cine de autor solemne: hay comedia, western, cine negro, ciencia ficción y hasta una película de 71 minutos de Ida Lupino donde toda la tensión pasa adentro de un auto. Para no perderse, conviene agarrar el catálogo por las puntas que más interesen, y la mejor puerta de entrada me pareció esa trilogía de películas que encabezan la selección.
Tres películas para empezar a recorrer el catálogo
Tres películas para empezar a recorrer el catálogo
- La pasión de Juana de Arco (1928), de Carl Theodor Dreyer: un drama de juicios construido casi en silencio, con primeros planos que parecen sacarles radiografías a Maria Falconetti, Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y un joven Antonin Artaud. La puesta visual hace del rostro de Juana el verdadero campo de batalla.
- ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), de Stanley Kubrick: una sátira sobre el pánico nuclear con Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn. La gracia está en cómo el humor se usa para mostrar lo cerca que estuvo el mundo de un final absurdo.
- El padrino (1972), de Francis Ford Coppola: la mafia como espejo del sueño americano, con Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton. La violencia aparece estilizada, la luz trabaja los contrastes y cada cena de familia pesa más que cualquier pelea callejera.
Más allá de ese trío, el catálogo se ramifica hacia lugares que no esperaba. Buster Keaton aparece con una comedia que se anima a meter elementos fantásticos, y Fritz Lang se hace presente con una pieza de ciencia ficción que arrastra todavía las marcas del expresionismo alemán. Es el tipo de hallazgo que uno agradece: cine de hace casi un siglo que todavía se siente vivo.
Una de las cosas que mejor me resultó del catálogo es que se puede navegar por género, por director o por elenco, según lo que a uno le pique esa noche. Está esa película de Ida Lupino como ejemplo perfecto: corta, concentrada, pensada para resolver un suspenso en el espacio chico de un auto. Sirve para quien quiera una sesión breve y de buena ley, sin necesidad de comprometerse con una saga de tres horas.
Mientras escribo esto pienso en cuántas veces vi estas películas y cuántas me faltan por verlas como corresponde, sin el celular al lado. Filmin las junta en un mismo lugar y, de paso, las pone a dialogar entre sí: el rostro como condena en Dreyer, el absurdo como denuncia en Kubrick, la familia como territorio en disputa en Coppola. Tres formas de entender el cine clásico, una misma plataforma.
Si todavía no se animaron, mi recomendación es la de siempre: empiecen por la que más les atraiga y déjense llevar. ¿Teléfono rojo? sigue siendo ideal para una noche de viernes con ganas de reírse de lo que nos asusta, La pasión de Juana de Arco pide silencio y pantalla grande, y El padrino nunca falla para esa sobremesa larga de domingo. Las próximas semanas seguro aparecen nuevas fichas para seguir explorando; por ahora, estas tres alcanzan y sobran para entender por qué el catálogo de Filmin se volvió una fija en la agenda del cinéfilo.
