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Chapelco, el filo que se quebró: dos esquiadores zafaron de milagro cuando la nieve se les vino encima

Un desprendimiento en la cara posterior del Cerro Chapelco, a casi 1.980 metros de altura, sorprendió a dos deportistas que descendían en zigzag; ambos lograron esquivar el avance de la masa blanca y el complejo activó el protocolo de seguridad sin lamentar heridos

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Arrancamos esta nota con el aire seco de San Martín de los Andes entrando por la ventana, un termómetro clavado en números rojos y la sensación de que la montaña, esa mole blanca que tantas veces nos parece una postal mansa, anoche estaba respirando con el pecho hinchado, lista para soltar un suspiro que se llevó todo por delante en cuestión de segundos. Te lo cuento porque en Chapelco, el jueves a la tarde, pasó lo que los lugaños saben que tarde o temprano iba a pasar, aunque muchos turistas jamás se lo imaginan hasta que lo ven en un video viral: la nieve se arrancó del filo del cerro como si alguien le hubiera tirado de una sábana inmensa y la mandó ladera abajo con una velocidad que te hace apretar los dientes.

El momento exacto en que la nieve se soltó

El episodio ocurrió en el sector posterior del filo del Cerro Chapelco, a casi 1.980 metros sobre el nivel del mar, una zona que no está habilitada para la práctica del esquí ni forma parte del dominio esquiable del complejo. Dos personas que descendían en ese momento por la ladera, haciendo ese zigzag típico del fuera de pista, quedaron a pocos metros del frente de la masa blanca que avanzaba, y te juro que cuando uno mira las imágenes registradas por casualidad por gente que estaba en las inmediaciones, siente que el corazón se le sube a la garganta, porque la velocidad del desprendimiento es de esas cosas que no se olvidan.

“Yo estaba por debajo de la línea de pinos cuando escuché el ruido, miré para arriba y vi la nube blanca bajando; grité para que los chicos se corrieran, fue cuestión de segundos”Carlos, residente del barrio Chapelco

Por suerte, los dos esquiadores lograron alejarse del área antes de que la nieve los alcanzara, y lo que quiero remarcar acá, con la calma que da hablarlo después de que no pasó nada grave, es que el susto les va a quedar marcado en la memoria por un buen rato, porque cuando uno esquiva una avalancha por metros, sabe que la montaña le pasó la factura de haber desobedecido lo que estaba claramente marcado en los mapas del lugar.

El protocolo se puso en marcha y la montaña quedó cerrada

  • El complejo Chapelco detectó el desprendimiento y activó de inmediato el protocolo de seguridad.
  • Se impidió el ingreso de cualquier persona al sector posterior del filo mientras se evaluaba la estabilidad de la ladera.
  • Comenzó un trabajo técnico para determinar las condiciones de la nieve acumulada y eventuales nuevos riesgos.
  • No se registraron personas lesionadas ni afectadas físicamente por el avance de la masa blanca.
  • Las autoridades recordaron que el sector no está señalizado ni autorizado para el esquí y recomendaron permanecer dentro de las zonas habilitadas.

Por qué se cae la nieve, en criollo

Para que se entienda bien y nadie se quede con la duda, vale la pena explicar que las avalanchas se producen cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente, y los que vivimos cerca de la cordillera sabemos que hay varios factores que las pueden disparar: la acumulación de capas de nieve con distinta consistencia, los cambios bruscos de temperatura, el viento que redistribuye el manto hacia ciertos puntos de la ladera y, claro, la inclinación del terreno, que en el filo del Chapelco es de esas pendientes que te hacen mirar dos veces antes de pisar. Los técnicos suelen decir que después de nevadas intensas el viento esculpe la nieve como si fuera plastilina, y a veces esa escultura se queda sostenida apenas por un equilibrio que el paso de una persona, por más liviana que sea, puede terminar de romper.

Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las zonas seguras, las marcan con carteles, palos y redes, y recomiendan con insistencia que uno no las abandone, aunque la tentación de meterse en la nieve polvo del fuera de pista sea enorme para cualquiera que se calza unos esquíes o una tabla. Lo que pasó el jueves en Chapelco es un recordatorio de que la montaña no perdona las imprudencias y que, aun cuando uno crea tener experiencia, la ladera siempre tiene la última palabra.

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, y te lo digo con el tono de alguien que conoce estos pagos de toda la vida: si vas a la montaña, respetá las señales, escuchá al personal de patrullas y no te metas en zonas no habilitadas, porque por más linda que se vea la nieve desde abajo, arriba puede estar guardando una sorpresa que no querés llevarte puesta. Ahora bien, te tiro la pregunta al aire, porque siempre me interesa saber cómo se mueve la gente en estos escenarios: ¿vos tomás recaudos especiales cuando esquiás o caminás en la montaña fuera de las pistas señalizadas, o te dejás llevar por la confianza del momento?

Me despido con la imagen de los dos esquiadores bajando juntos por la pista principal al atardecer, todavía con los pantalones embarrados de nieve y la mirada ida de quien sabe que esa tarde se le cruzó la vida y le ganó por un suspiro, mientras el sol empieza a pintar de naranja el filo del Chapelco que, fiel a su costumbre, sigue de pie, indiferente, como si nada hubiera pasado.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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