Cuando la deuda chiquita se vuelve bola de nieve: el crédito exprés de las billeteras virtuales y la trampa de la letra chica
Tasas que rozan la usura, condiciones ocultas en pantalla y un país donde la morosidad quintuplica la media regional. Un recorrido por el mecanismo que empuja a familias neuquinas y de todo el país a pedir prestado para llegar a fin de mes, y por las herramientas oficiales que prometen, esta vez sí, una salida.
Acuérdese de la última vez que hizo un clic en una billetera virtual y le tildaron que sí a un préstamosito exprés, de esos que aparecen con un cartelito simpático mientras uno está pagando en el súper o tratando de cubrir el alquiler antes de que se venza. Bueno, esa decisión, que parece tan chiquita, tan de cinco minutos, puede terminar convertida en una bola de nieve que lo deja a uno mirando el techo a las tres de la mañana, con el resumen del teléfono en la mano y la sensación de que el número no puede ser real. Eso, precisamente eso, es lo que hoy preocupa a los organismos de defensa del consumidor de Neuquén y de buena parte del país, donde los créditos digitales crecen al ritmo de la inflación y las familias los usan, cada vez más, para comprar comida, pagar la luz o completar el alquiler.
Lo dijo sin guardarse nada el titular de la Dirección de Protección al Consumidor neuquina, Pablo Tomasini, cuando describió las tasas que hoy cobran las plataformas fintech como algo «casi usurero para los ciudadanos», y agregó que las condiciones contractuales muchas veces no están escritas de manera clara, es decir, que lo que la pantalla le promete al usuario rara vez coincide con lo que después termina pagando en el extracto. La mecánica es repetida y la reconoce cualquiera que haya usado Mercado Pago, Ualá, Naranja X o cualquier otra de estas billeteras que ofrecen plata al instante: la app muestra una tasa bonita, digamos del cincuenta por ciento anual, y uno firma sin leer la letra chica, esa donde después aparecen cargos adicionales, seguros obligatorios, comisiones por gestión y cláusulas que permiten que el sistema te cobre intereses sobre intereses hasta transformar una deuda razonable en una cifra impagable.
Salarios que no le ganan a la inflación y una morosidad que quintuplica la media regional
El trasfondo del fenómeno lo explicó con crudeza Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén, y la frase resume bastante bien lo que vive cualquier vecino de a pie: «Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro». El funcionario aclaró que el problema de fondo es estructural, porque los salarios de los trabajadores en relación de dependencia, las jubilaciones, los ingresos de los trabajadores independientes y hasta la ganancia chica de los pequeños comerciantes vienen perdiendo contra la inflación desde hace años, y entonces la familia promedio, cuando no llega a fin de mes, no tiene más remedio que recurrir al crédito digital para gastos tan básicos como la comida del día a día. En ese escenario, agregó, el crédito deja de ser una herramienta financiera y pasa a ser casi una manera de sobrevivir, con todo lo que eso implica.
Los números que circulan en los últimos relevamientos son elocuentes y, mirados con detenimiento, asustan: el índice de morosidad en la Argentina se ubica cerca del veinte por ciento, lo que significa que prácticamente uno de cada cinco créditos vigentes está vencido o impago, y eso representa casi cinco veces el promedio que registran los países vecinos de la región, donde el indicador oscila entre el cuatro y el cinco por ciento. La diferencia es enorme y no se explica solo por la crisis: tiene que ver con un combo perfecto de inflación alta, ingresos que no acompañan, tasas de interés que vuelan y una promoción del crédito digital que muchas veces oculta el costo real hasta que ya es tarde.
La herramienta oficial para salir del pozo y los derechos frente al hostigamiento
Para quienes ya cayeron en el pozo y sienten que no hay salida, existe desde hace algunos meses un instrumento al que vale la pena prestarle atención, sobre todo porque está pensado exactamente para este tipo de situaciones: el Régimen Especial de Refinanciación de Deuda, que ofrece préstamos de hasta cincuenta millones de pesos con una tasa fija anual del treinta y cinco por ciento. Tomasini lo definió con una palabra que suena a alivio: «Es una tasa muy accesible, diría blandísima», pensada para que las familias puedan salir del ciclo de deuda a costo financiero sin que los intereses sigan acumulándose mes tras mes, y sostuvo que es la oportunidad que muchos esperan desde hace rato para ordenar las cuentas y dejar de vivir con la sensación de que cada cuota nueva genera tres cuotas más.
Desde la misma Dirección de Protección al Consumidor de la provincia se reciben a diario denuncias por hostigamiento, que es lo que técnicamente ocurre cuando una empresa de cobranza llama de manera insistente, deja mensajes amenazantes o propone condiciones que el deudor percibe como abusivas. Tomasini aclaró que ese tipo de prácticas «no están permitidas» y que la persona damnificada puede juntar pruebas —fundamentalmente capturas de pantalla de los mensajes de WhatsApp, grabaciones de los llamados y cualquier registro que sirva como evidencia— para presentar un reclamo formal y, eventualmente, conseguir una sanción para la empresa. El organismo, aclaró, actúa cuando hay incumplimientos claros de las plataformas, ya sea por tasas engañosas, por cargos no informados o directamente por hostigamiento en la gestión de cobro, y por eso insistió en la importancia de denunciar, porque cada caso que llega sirve para visibilizar el problema y para que la regulación avance.
“Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro.”Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén
A mí, si me dejan contar la escena que se repite en cualquier barrio de Neuquén, de Buenos Aires, de Rosario o de Córdoba, es la de Marta, del Bajo neuquino, que me dice con la verdad que le sale de adentro mientras acomoda los bollitos en la panadería de la esquina: «Yo saqué trescientos mil pesos en la app para pagar la luz del mes que viene, y al toque ya debía el doble, así que ahora tengo que sacar más para pagar lo de antes, y así, hasta que un día abrís el teléfono y te querés morir». Lo de Marta, claro, no es un caso aislado sino casi la postal de miles de familias argentinas que usan el crédito digital como una manera de puentear el mes, sin dimensionar que cada clic a un préstamo exprés es una decisión financiera con consecuencias a largo plazo, y por eso las voces oficiales insisten en que la salida pasa por dos andariveles simultáneos: por un lado, herramientas concretas como el régimen de refinanciación que ofrece tasas mucho más bajas; por el otro, una educación financiera de base que permita leer la letra chica antes de firmar y entender, de una vez por todas, que ninguna plata rápida sale gratis, por más simpática que se vea la notificación en la pantalla del teléfono.
