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Lindelof termina con el mito: la isla de Perdidos existió y los flash sideways eran otra cosa

El cocreador de la serie volvió a desarmar la teoría del purgatorio, aclaró qué representa la línea narrativa paralela de la sexta temporada y contó cómo una decisión tomada entre la tercera y la cuarta temporada cambió para siempre el final de la historia.

Por Nadia ChamorroCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 16 h

A esta altura, casi todos los que vimos Perdidos en su momento recordamos esa última imagen: Jack Shephard, tirado en la selva, con la cara bañada en sangre, mirando el cielo mientras Vincent, el perro, se acurruca a su lado. Su ojo se cierra. Y ahí, en ese fotograma, se cierra también la serie. Lo que vino después, esos capítulos donde los protagonistas se cruzaban en un Los Ángeles alternativo sin reconocerse, siempre fue materia de debate. Más de quince años después, Damon Lindelof volvió a abrir el archivo y, esta vez, parece haberlo cerrado de una vez.

La teoría más popular, esa que circuló durante años en foros, quioscos y sobremesas familiares, decía que la isla era el purgatorio y que nada de lo que vimos durante seis temporadas había ocurrido de verdad. Una linda idea, pero falsa. Lindelof lo dijo con todas las letras en más de una oportunidad y lo volvió a repetir: la isla existió, la Iniciativa Dharma fue real, Hurley y Ben siguieron manejándola cuando se bajó el telón. El plano de lo que efectivamente pasó termina con la muerte de Jack. Lo otro, esa otra línea narrativa donde el Oceanic 815 nunca se estrella, es otra historia.

Qué son los flash sideways, según Lindelof

Para el cocreador de la serie, esa dimensión paralela no es una realidad alternativa ni una paradoja temporal, sino el estado por el que atraviesan los personajes después de muertos. No lo sabemos cuando entramos en ella, ni ellos lo saben, y ese es justamente el punto. Cuando el público empieza a verlos en ese Los Ángeles que parece idílico, la confusión está buscada a propósito.

“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof

La decisión de construir ese mundo post mortem se tomó entre la tercera y la cuarta temporada. Los guionistas ya tenían claro desde el vamos que Jack iba a morir al final: la simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el cierre les parecía la mejor manera de cerrar el círculo. El problema era qué hacer con él después.

Un libro tibetano y un truco narrativo

La respuesta la encontraron en un texto budista bastante poco conocido por estos pagos: el Bardo Thodol, que en Occidente circula como el Libro tibetano de los muertos. El concepto central del Bardo describe un estado intermedio en el que la persona muere pero no registra que está muerta. Nadie puede avisárselo, aunque sí puede ir recibiendo señales. Lindelof lo resumió en una frase.

“La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabés que estás muerto. Nadie puede decírtelo.”Damon Lindelof

Para que el truco no se notara desde el arranque, los guionistas metieron los viajes en el tiempo sobre el cierre de la cuarta temporada y plantaron toda la quinta temporada sobre esa base. La idea era que el público se comiera el anzuelo y leyera los flash sideways como una paradoja temporal hasta que los propios personajes, al empezar a recordar cosas que en esa línea nunca habían vivido, pusieran la pregunta en el aire: cómo van a recordar algo que nunca les pasó. Ahí, recién ahí, empezaba a caer la ficha. Y eso, para mí, sigue siendo una de las jugadas más riesgosas y a la vez más emocionantes que una serie haya hecho en este siglo.

  • La isla de Perdidos existió dentro de la ficción: la Iniciativa Dharma fue real y Hurley y Ben quedaron a cargo.
  • Los flash sideways de la sexta temporada no son una realidad alternativa ni una paradoja temporal, sino una representación del estado posterior a la muerte.
  • La idea del más allá se inspira en el Bardo Thodol, el Libro tibetano de los muertos.
  • Los viajes en el tiempo introducidos al final de la cuarta temporada funcionaron como pista falsa para que el público no descubriera antes de tiempo el sentido de la sexta temporada.
  • La decisión de encarar la sexta temporada de este modo se tomó entre la tercera y la cuarta, cuando los guionistas ya sabían que Jack moriría en el último capítulo.

Lo de Lindelof, a esta altura, no es sólo desmentir un mito. Es defender una forma de contar historias en televisión que apostó todo a que el espectador confiara, se dejara llevar y, sobre todo, se bancara la incertidumbre. Muchos lo odiaron en su momento. Otros, entre los que me incluyo, todavía estamos digiriendo esa última imagen de Vincent trotando entre los árboles. Mientras tanto, la isla sigue ahí, en algún lugar de la imaginación colectiva, funcionando como el primer día.

NC
Nadia ChamorroCultura y espectáculos

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