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Migraña en adultos: la nueva guía que pone al paciente en el centro de la decisión

Un consenso internacional fija criterios para empezar un tratamiento preventivo, propone esperar entre ocho y doce semanas antes de evaluarlo y advierte que no existe una pastilla ideal para todos los casos.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Hay algo que se repite en la consulta de cualquier neurólogo de barrio, y que esta vez quedó escrito con mayúsculas en una revista especializada: la migraña no se previene de la misma manera en todos los pacientes, ni existe un fármaco milagroso que le sirva a todo el mundo. Esa idea de sentido común, que uno escucha a cada rato en la sala de espera del hospital público o en el consultorio particular, acaba de ser respaldada por la Academia Estadounidense de Neurología y la Sociedad Estadounidense del Dolor de Cabeza, que acaban de publicar una guía clínica con diecisiete recomendaciones para ordenar la prevención farmacológica de la migraña en adultos.

Cuándo conviene empezar a prevenir

El primer punto que cambia el abordaje es el umbral. La guía sugiere ofrecer tratamiento preventivo a quienes tengan cuatro o más días de migraña por mes, o cuatro o más episodios mensuales de dolor de cabeza moderado a intenso, aunque también abre la puerta a pacientes con discapacidad significativa aunque no lleguen a ese número. La idea, aclaran los especialistas, no es cortar una crisis en curso sino reducir la frecuencia y el impacto que la enfermedad tiene sobre la vida cotidiana, algo que en el barrio San Martín, por ejemplo, María del Carmen, de cincuenta y dos años, resume en una frase que le escuché el otro día mientras esperaba el colectivo: yo no pido que me saquen el dolor, pido que me dejen volver a tener vida.

Una decisión que se construye con el paciente

Una vez que se decide iniciar un tratamiento, la elección del medicamento deja de ser potestad exclusiva del médico. El documento es muy claro al respecto: la indicación debe salir de una conversación que pondere antecedentes clínicos, medicación que ya se esté tomando, contraindicaciones, vía de administración, tolerancia a efectos adversos, costo y, sobre todo, las preferencias del paciente. Los ensayos clínicos disponibles, aclaran, no permiten afirmar que un preventivo sea claramente superior a otro, por lo cual el menú se arma de manera personalizada, como cuando uno elige en la parrilla el corte según el ánimo y no según una receta única.

  • Atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab y galcanezumab, entre los tratamientos con mayor respaldo para la migraña episódica.
  • Propranolol, topiramato y valproato como opciones clásicas con evidencia consolidada.
  • OnabotulinumtoxinA, sumada para la forma crónica de la enfermedad.
  • La elección final varía según lo que priorice cada paciente: eficacia, tolerabilidad, seguridad a largo plazo o modalidad de administración.

Poblaciones que piden más cuidado

El documento también se detiene en grupos que requieren precauciones especiales. En personas con posibilidad de embarazo recomienda evitar agentes con efectos teratogénicos conocidos, como valproato y topiramato, y privilegiar estrategias no farmacológicas. En pacientes con obesidad sugiere evaluar topiramato oral; en fibromialgia concomitante, amitriptilina; y en hipertensión no tratada, opciones como enalapril o telmisartán. Además, advierte que el ácido valproico puede aumentar el riesgo de síndrome de ovario poliquístico, un detalle que, como me decía Jorge, del barrio Belgrano, mientras tomábamos un mate en la vereda, muchas veces se conoce recién cuando ya es tarde. Esa palabra que usan los vecinos chaqueños para nombrar a los chismes del barrio bien podría aplicarse al cuerpo: a veces los avisos llegan tarde y duelen.

Evaluar con tiempo, no con ansiedad

La guía también fija un plazo clave: entre ocho y doce semanas antes de evaluar si el tratamiento está funcionando, un tiempo que suele coincidir con el período de adaptación al fármaco y que apunta a evitar el clásico abandone por desesperación. Como le decía a mi vieja la vecina del quinto, cuando una empieza a prevenir, lo que está haciendo es sembrar para más adelante, y a veces la cosecha tarda una estación en llegar. La imagen es esa: la migraña no se gana con un comprimido relámpago, sino con un plan conversado, sostenido y revisado a la luz de lo que cada cuerpo, con su historia y sus circunstancias, va respondiendo en la calle, en el trabajo y en la mesa familiar.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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