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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Noche de estrellas en el Salto del Agrio: astroturismo a la neuquina, con lupa sobre el cielo y la cosmovisión mapuche

Estela Calfio comanda Lan Kuyen, un emprendimiento que sale a mirar la luna llena con grupos chicos, telescopio, relatos griegos y voces del pueblo mapuche para entender el universo desde el sur.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 15 d
Noche de estrellas en el Salto del Agrio: astroturismo a la neuquina, con lupa sobre el cielo y la cosmovisión mapuche

A esta hora el río todavía tira un hilo de agua tibia contra las piedras y la vereda de la plaza, en Caviahue, todavía guarda el calor del sol que se fue hace rato. Pero si uno levanta la mirada, lo que encuentra es otra cosa: un cielo limpio, sin una nube, y la luna llena que parece colgar de un hilo. Es justo el momento que eligió Estela Calfio, guía de turismo y dueña de Lan Kuyen, para armar sus salidas de astroturismo en la provincia de Neuquén, en esos parajes donde la contaminación lumínica es casi un recuerdo de ciudad.

El escenario principal es el Salto del Agrio, un salto de agua que de día ya impresiona, pero que de noche se transforma en un anfiteatro natural para mirar hacia arriba. La propuesta combina interpretación astronómica con relatos culturales y se hace con grupos reducidos, una decisión que Calfio vincula con el cuidado de ambientes que considera frágiles y con la idea de sostener la actividad sin deteriorar los lugares que visita.

Cómo es una salida con Lan Kuyen

  • La actividad es nocturna y gira alrededor de la observación del cielo durante la luna llena, con el Salto del Agrio como uno de los puntos elegidos.
  • Las charlas y la explicación de lo que se ve en el cielo están a cargo de Estela Calfio. Su marido colabora con la preparación de los instrumentos, el manejo del telescopio y la logística.
  • El enfoque es recreativo: se busca que las nociones sobre planetas y universo resulten comprensibles para personas de distintas edades, sin lenguaje técnico.
  • Se suman referencias de la mitología griega y de la cosmovisión mapuche, como una manera de mostrar cómo distintas culturas interpretaron el firmamento a lo largo del tiempo.
“Quiero que el visitante se lleve una experiencia significativa, que pueda reconocer después algún fenómeno o recuperar lo aprendido cuando vuelva a observar el cielo por su cuenta.”Estela Calfio, guía y fundadora de Lan Kuyen

Entre los momentos que la propia Estela destaca aparecen los colores del atardecer y el llamado cinturón de Venus, una franja que se ve cerca del horizonte cuando las condiciones acompañan y que siempre arranca una exclamación entre los participantes. También, claro, la espera del cielo que va oscureciendo, los planetas que asoman uno a uno y las historias que se cuentan al lado del telescopio, con el ruido del agua de fondo.

Mercedes, vecina del barrio Copahue, me cuenta por WhatsApp que fue a una de las salidas el verano pasado y que se quedó hasta que el frío los echó: cuenta que aprendió a ubicar a Saturno y que ahora cada vez que mira para arriba se acuerda de la noche esa, del salto sonando a lo lejos y de la voz de Estela explicando las constelaciones con paciencia de maestra rural.

Antes de cerrar, una aclaración práctica que muchos me preguntan: el material no precisa fechas, precios, duración ni puntos de encuentro, por lo que esos datos quedan pendientes de consulta. Para anotarse o pedir más información, el contacto es la cuenta lankuyen.astroturismo en redes sociales o el teléfono 299 5377788, que es de Neuquén capital. También vale la pena aclararlo: como la propuesta depende del clima y de las fases de la luna, conviene escribir antes de armar el viaje, sobre todo si uno viene de afuera y no quiere llevarse un chasco.

Me despido como empecé: con el calor que todavía se siente en la vereda, con la idea de que a veces para mirar lejos lo mejor es alejarse de la ciudad, y con la imagen de un telescopio instalado a la orilla del río, esperando que la noche se ponga seria para empezar a hablar de estrellas en castellano y, de a ratos, dejar caer alguna palabra en mapudungun, esa lengua del sur que Estela va explicando al pasar, como quien no quiere la cosa, mientras el cielo de Neuquén se abre de a poco y la luna llena hace de cuenta que es la única invitada.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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