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Stablecoins, la dolarización cotidiana que ya cambió la rutina de miles de argentinos

El responsable global de Bitget Wallet, Alvin Kan, aseguró que el país concentra una de las tasas más altas del mundo de usuarios que utilizan criptomonedas estables para resguardar ahorros, cobrar trabajos freelance y mover dinero desde el exterior. Adelantó que próximamente lanzarán herramientas para obtener rendimientos y recibir pagos directos desde bancos de Estados Unidos.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · 4 de septiembre de 2026 · hace 14 h

Yo estuve siguiendo de cerca cómo se mueve el tema de las criptomonedas en la Argentina, y cada vez que alguien del exterior pisa estas tierras con la lapicera en la mano termina diciendo lo mismo: que acá el uso poco tiene que ver con el de Asia o el de Europa, donde la idea dominante sigue siendo la del trader que mira velas en una pantalla buscando pegar el salto del tigre. Lo dijo Alvin Kan, COO global de Bitget Wallet, en una visita al país, y lo dijo con una frase que me quedó dando vueltas: "Muy pocas personas hablan de negociación de contratos perpetuos o de memecoins; cada vez más gente habla de pagos, de ahorrar en dólares". Esa vuelta de tuerca, la de pasar de la apuesta a la herramienta, es la que está reconfigurando la relación de los argentinos con el dinero digital, y es la que obliga a mirar a las stablecoins con otros ojos, con los ojos de quien las piensa como un instrumento de uso cotidiano y no como un pasatiempo de fin de semana.

Lo primero que conviene poner sobre la mesa es qué son las stablecoins, porque el nombre técnico suele espantar: son criptomonedas atadas al valor del dólar estadounidense, una por una, lo que en teoría las libera de la volatilidad brutal que caracteriza a bitcoin o a las memecoins que mencionaba Kan. Esa cualidad es la que explica por qué se transformaron, sobre todo en países con monedas golpeadas por la inflación o por restricciones cambiarias, en una especie de dólar digital disponible las veinticuatro horas, los siete días de la semana, sin hacer cola en el banco, sin pedir turno en la AFIP, sin pasar por el mercado paralelo y sin depender del humor del blue de turno. Para una franja enorme de usuarios argentinos, entonces, no son un negocio: son un lugar donde estacionar los pesos antes de que se derritan, una herramienta para preservar esfuerzo acumulado y, cada vez más, una vía para recibir plata del exterior sin comerse los costos leoninos de las transferencias tradicionales.

De la especulación al pago cotidiano

Kan explicó que a nivel global se registró el mes pasado un punto de inflexión que, si se confirma en el tiempo, va a quedar en los manuales: por primera vez, la cantidad de usuarios que realizaron transacciones de pago superó a la de quienes hicieron operaciones de trading. Es un cambio de paradigma silencioso, de esos que no salen en los titulares pero que terminan moviendo el piso de toda una industria. Para el ejecutivo, lo que mide esa estadística es que las criptomonedas están dejando de ser exclusivamente un vehículo de apuesta para convertirse en una herramienta financiera de uso corriente, del mismo modo en que en su momento el celular dejó de ser un lujo y se volvió una extensión de la mano. Y en esa transición, la Argentina aparece como un caso testigo, porque la dolarización informal del ahorro es un comportamiento instalado hace décadas y porque la tecnología, cuando encuentra una necesidad concreta, termina arraigando más rápido que en cualquier otro mercado.

“Muy pocas personas hablan de negociación de contratos perpetuos o de memecoins; cada vez más gente habla de pagos, de ahorrar en dólares.”Alvin Kan, COO global de Bitget Wallet
  • Cobro de trabajos remotos: freelancers y profesionales que facturan en el exterior podrán recibir transferencias que lleguen directamente como stablecoin a la billetera personal, a través de una cuenta bancaria virtual radicada en Estados Unidos.
  • Remesas sin intermediarios: el mecanismo apunta a abaratar el envío de dinero desde cualquier país, evitando las comisiones elevadas de las vías tradicionales y acelerando los tiempos de acreditación.
  • Rendimientos con autocustodia: se desarrollarán opciones para obtener retorno sobre las stablecoins sin necesidad de mover los fondos a otra plataforma; la primera alternativa ofrecerá alrededor del 3% anual, con opciones de mayor rendimiento a medida que se sumen nuevos socios.
  • Transferencias internacionales más baratas y rápidas: la operatoria cripto permite mover valor entre países con costos menores a los del sistema bancario y con acreditación casi inmediata, según describió Kan.

En la charla, Kan dejó flotando una idea que, me parece, vale la pena subrayar: las stablecoins tienen ventajas concretas frente al sistema financiero tradicional en operaciones internacionales, y eso las convierte en una vía práctica tanto para cobros como para pagos en cualquier país. No es una promesa a futuro, es una descripción del presente, porque en la Argentina esa operatoria ya está funcionando a una escala que sorprende a quienes miran desde afuera. Lo que viene, según adelantó, es justamente profundizar esa tendencia: herramientas que permitan obtener rendimientos sin salir de la billetera, cuentas bancarias virtuales en Estados Unidos para recibir pagos como si se tuviera una cuenta en Miami, y un menú creciente de socios que irán ampliando el menú de opciones. Para el usuario de a pie, lo que se viene es algo bastante terrenal: más formas de cobrar, más formas de ahorrar y menos dependencia del vericueto bancario local.

Y acá aparece, como siempre, la pregunta que el Estado todavía no resolvió: cómo encaja todo esto en un sistema financiero formal que, en el mejor de los casos, mira al fenómeno cripto con curiosidad distante y, en el peor, con una mezcla de recelo y desinterés. Porque mientras el regulador debate si las stablecoins son moneda, activo financiero, commodity o directamente ninguna de las cosas, millones de argentinos del yerbal a la góndola ya las están usando todos los días para algo tan simple como resguardar el fruto de su trabajo o cobrar por un proyecto que hicieron del otro lado del mundo. Esa distancia entre la velocidad de la gente y la velocidad del escritorio es, a esta altura, la materia pendiente más visible.

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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