Treinta años después, el chiste imposible de Homer con Brasil vuelve a hacer ruido: la verdad es más simple de lo que parece
Un gag que parecía esconder un enigma literario o histórico terminó naciendo de un remake a las apuradas. Repaso por la historia del segmento, las teorías que circulan y la explicación que recién ahora se conoce.
Confieso que guardé esa escena en la cabeza durante años, como guardan muchos lectores de cuarenta y tantos una frase que no termina de cerrarnos. Es la del quinto especial de Noche de Brujas, ese que todos recordamos como Casa del Árbol del Terror V. Homer mete la mano en una tostadora y termina saltando por distintos siglos como si nada, hasta que en uno de esos saltos suelta una línea que se nos quedó pegada: Soy la primera persona no brasileña que viaja atrás en el tiempo. La frase sonaba rara, como si viniera envuelta en algo. Y durante treinta años, incluidos, intentamos descifrar qué había querido decir el programa.
De la carta original al remate que nunca apareció
La versión definitiva del chiste fue, en realidad, un arreglo de último momento. El plan de los guionistas era que Homer se proclamara la primera persona de no ficción en viajar en el tiempo, y que el remate lo dieran Sherman y el señor Peabody, esos amigos del dibujo animado, corrigiéndolo con un seco segundo, por favor. Después de varias horas extras intentando redondear la idea, el remate no salía. La opción de no ficción sonaba cada vez más floja, y el cansancio hacía el resto. Hasta que a alguien se le ocurrió Brasil así, casi de chiripa, y la sala chica aprobó el cambio porque, en el fondo, era lo que mejor sonaba en ese momento. Eso fue todo. No hubo cita académica, guiño oculto ni dobles lecturas. Hubo, pura y exclusivamente, la urgencia de un equipo que estaba quemando el último cartucho del día.
“Somos la primera persona no brasileña que viaja atrás en el tiempo”Homer Simpson, en Casa del Árbol del Terror V
Por qué se acumuló el misterio
La guía oficial de Los Simpson sugirió alguna vez que la frase podía leerse como un guiño al escritor y chamán Carlos Castaneda, conocido por sus libros sobre viajes inducidos por peyote. El problema es que, aunque Castaneda aseguraba haber nacido en São Paulo, en realidad era peruano, y sus libros no hablan de viajes en el tiempo en sentido estricto, así que la comparación quedaba siempre a mitad de camino. Circuló también una lectura ligada al realismo mágico latinoamericano, esa rama que deriva de Cien años de soledad y que después fue parodiada, ya en los noventa, por la corriente McOndo: mundos donde lo imposible convive con lo cotidiano sin pedir permiso. Incluso apareció el nombre del brasileño Alberto Santos-Dumont, el inventor que durante buena parte del siglo XX disputó la paternidad del vuelo con motor contra los hermanos Wright.
- Carlos Castaneda: sus relatos sobre chamanismo nunca hablaron de viajes temporales, aunque él decía ser de San Pablo.
- Realismo mágico y McOndo: la pista literaria más repetida, pero nunca confirmada por los guionistas.
- Santos-Dumont: el aviador que peleó la autoría del vuelo motorizado con los Wright, otra conexión que no cierra del todo.
Sherman y el señor Peabody, los que aparecen en esa misma escena, venían de otra serie muy querida, Las aventuras de Rocky y Bullwinkle. Eran un perro con anteojos y su compañero humano, que manejaban juntos una máquina del tiempo llamada WABAC. El dúo tuvo su propia película en 2014, que juntó 275 millones de dólares en taquilla, y más tarde volvió a la pantalla con cuatro temporadas nuevas en streaming. Verlos cruzando con Homer fue, en parte, un guiño a una audiencia que ya tenía sus propios recuerdos de infancia con ellos.
Me quedo pensando en lo que cuenta esta historia chiquita sobre cómo se cocina buena parte de la cultura popular. Algunos de los momentos más comentados de los últimos treinta años no nacieron de una idea monumental ni de un plan a largo plazo. Nacieron de un equipo laburando a las apuradas, eligiendo la palabra que mejor sonaba en el ensayo del jueves a la noche, y dejando que el público hiciera el resto con el paso del tiempo. La próxima vez que alguien intente venderme un supuesto mensaje oculto en una serie, voy a acordarme de Homer, Brasil y la tostadora. Y voy a sonreír un poco más tranquilo.
