A 25 años de su debut, la mejor serie bélica de la historia sigue sin ser superada y todos la pueden ver
La producción de HBO que redefinió el género en la pantalla chica cumple un nuevo aniversario y se mantiene como referencia ineludible para cualquier amante de la buena televisión.
Les cuento de entrada: cada vez que un amigo me pregunta qué mirar en streaming, termino recomendando lo mismo. Es una serie que ya tiene un cuarto de siglo y que, sin embargo, no pierde ni una sola de sus virtudes. Estoy hablando de Band of Brothers,conocida acá como Hermanos de sangre, aquel fenómeno de HBO que se plantó en la pantalla chica en septiembre de 2001 y que, entre otras cosas, ostenta un récord que todavía hoy resulta difícil de igualar: fue la producción más cara de la historia de la televisión, con un presupuesto de 125 millones de dólares que en su momento dejó boquiabiertos a más de uno.
Lo que volvió loco al público y a la crítica no fue únicamente la plata invertida, sino cómo se gastó cada uno de esos dólares. Steven Spielberg y Tom Hanks, en su rol de productores ejecutivos, se jugaron por una puesta en escena de escala cinematográfica, con batallas filmadas con el mismo criterio que un filme bélico de los grandes y un nivel de detalle en la producción que se nota cuadro por cuadro. Pero atención: la violencia en esta serie nunca es gratuita ni está puesta al servicio del impacto fácil. Está ahí porque la historia lo exige, porque lo que se cuenta es la Segunda Guerra Mundial y, más precisamente, el recorrido de la Easy Company, una unidad de paracaidistas del 506.º Regimiento de Infantería de Estados Unidos.
Una decisión clave que cambió la historia de las series
Antes de meternos con el elenco y las batallas, vale la pena detenerse en un detalle que, a mi criterio, marca la diferencia entre una serie común y una obra maestra. Spielberg y Hanks tuvieron una idea que en aquel entonces era casi una herejía: convocar a los veteranos reales de la Easy Company para que cada uno de ellos presente un episodio en cámara, en primera persona, relatando con sus propias palabras lo que vivieron en el frente. Esa capa de testimonio genuino es lo que vuelve a la serie casi imposible de replicar. No se trata de un recurso decorativo ni de un guiño emotivo: es la voz de quienes estuvieron ahí, contándole a cámara a un pibe de veinte años lo que sintió cuando saltó de un avión sobre Francia en plena noche. Eso, señoras y señores, no se improvisa y, créanme, no se repite.
Un elenco de desconocidos que se volvió leyenda
- Damian Lewis como el querido líder Dick Winters, el corazón moral de la serie.
- Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz como parte del núcleo duro de la compañía.
- Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy en papeles secundarios, cuando todavía nadie los conocía.
- David Schwimmer, el rostro más famoso del elenco en aquel momento, en el rol del polémico oficial Herbert Sobel.
Miren si la cosa fue grande que, por esta serie, pasaron algunos de los actores que después se convertirían en figuras internacionales. El que me sigue impresionando es Damian Lewis en el papel de Winters: le imprime al personaje una calma y una nobleza que contagian. Y si me apuran, les digo que el reparto en general funciona como un relojito: cada uno se luce en su momento y nadie pisa al otro. La dirección, repartida entre varios realizadores entre los que se cuentan Phil Alden Robinson y David Nutter, mantiene un pulso parejo a lo largo de los diez episodios.
Un estreno signado por la historia
Hay un detalle que a mí siempre me da escalofríos cada vez que lo recuerdo: la serie se estrenó el 9 de septiembre de 2001, apenas dos días antes de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York. Recaudó diez millones de espectadores en su primera emisión, una cifra enorme para la época, pero la cadena decidió suspender toda la campaña publicitaria por la tragedia. La emisión siguió adelante y la audiencia, contra todo pronóstico, acompañó hasta el final. Me parece que ese arranque tan particular le dio a la serie un aura especial, como si se hubiera convertido en un documento humano en el momento exacto en que el mundo más lo necesitaba.
Otro de los grandes aciertos de Hermanos de sangre, y algo que la diferencia de otras producciones del mismo equipo como The Pacific de 2010, es la decisión de repartir el peso narrativo entre todo el batallón en lugar de concentrarse en dos o tres protagonistas. Esa elección coral le da a la serie una sensación de comunidad que pocas veces se ve en pantalla. Uno termina encariñándose con personajes secundarios que aparecen un par de capítulos y después desaparecen, pero cuya huella queda. Es el efecto que logra la buena televisión cuando confía en el espectador: lo trata como un adulto capaz de seguir múltiples hilos sin perderse.
Disponible y vigente, una rareza de nuestro tiempo
Lo que más me emociona, después de veinticinco años, es comprobar que la serie sigue disponible en plataformas de streaming y que cada tanto aparece en los rankings de lo más visto. Para una producción de este tipo, pensada en una época en la que el DVD recién empezaba a masificarse, eso es casi un milagro. La pueden buscar y van a ver que no ha perdido un ápice de su potencia: la escala sigue siendo impresionante, las interpretaciones siguen siendo sólidas y los testimonios de los veteranos al inicio de cada capítulo siguen golpeando de la misma manera que en 2001. Mientras tanto, el género bélico en televisión ha producido títulos notables, pero ninguno ha logrado igualar esta combinación de presupuesto, talento y corazón. Los que todavía no la vieron, tienen una cita pendiente con una de las series más importantes de la historia de la pantalla chica. Los que ya la vimos más de una vez, como les pasa a varios colegas y a mí, sabemos que cada revisitada nos deja algo nuevo. En lo personal, no me canso de recomendarla y me sigue emocionando cada vez que el último episodio cierra con esos rostros reales de los veteranos ya ancianos, recordándonos que aquello fue verdad y no un guion.
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