Bill Gates se enojó y ahora quiere cobrarle impuestos a las máquinas
El cofundador de Microsoft publicó un ensayo de seis mil palabras donde advierte que la inteligencia artificial puede armar un virus en el sótano de cualquier desquiciado, dejar sin laburo a medio mundo y concentrar todavía más poder en unos pocos. También tiró una idea concreta: que los robots paguen impuestos como cualquier porteño laburante.
A esta altura, cuando uno escucha "la inteligencia artificial viene por tu trabajo" ya pone los ojos en blanco y sigue scrolleando. Pero el tipo que fundó Microsoft no es exactamente un alarmista de esos que aparecen cada martes en la tele: es Bill Gates, el mismo que hace cuarenta años vaticinó que en cada escritorio habría una PC. Y esta vez la nota es larga, densa y, en partes, francamente preocupante.
El ensayo se llama "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical", que en criollo vendría a ser algo así como "la etapa turbulenta de la IA ya arrancó y las decisiones que tomemos ahora son críticas". Son seis mil palabras, o sea, un libro para los estándares de Twitter, donde el bueno de Bill se pone en modo abuelo que vio mucho y se anima a advertir.
Tres riesgos, tres pesadillas
Gates no viene a asustar con fantasmas genéricos. Enumera tres riesgos bien puntuales. El primero es el que suena más de película pero tiene asidero técnico: la IA ya sabe buscar y procesar información sobre cómo fabricar explosivos, virus y programas maliciosos. La misma capacidad que hoy ayuda a desarrollar vacunas podría usarse para diseñar una enfermedad nueva. Gates aclara que la tecnología no hace inevitable una pandemia artificial, pero sí baja la barrera de entrada. Traducido al castellano rioplatense: lo que antes necesitaba un científico con laboratorio, mañana lo puede intentar un chiflado con una notebook y una suscripción a ChatGPT.
El segundo riesgo es el del trabajo. Y acá es donde Gates mete una distinción clave: las revoluciones industriales anteriores reemplazaron al músculo. La del vapor sacó a los caballos; la de los robots, a los operarios de una línea de montaje. Pero la IA apunta a la cabeza. Los modelos modernos observan, escuchan, escriben, programan, atienden clientes y hasta empiezan a meter mano en diagnósticos médicos. Derecho, medicina, desarrollo de software, atención al cliente y manufactura son los sectores que el ensayo marca con mayor exposición.
“Muchos empleos desaparecerán para siempre.”Bill Gates, ensayo "The Turbulent AI Era Is Here"
El tercero es el de siempre pero recargado: la concentración de poder. Gobiernos y empresas que ya mandan pueden usar IA para vigilar y desinformar a escala. Las campañas automatizadas y los deepfakes baratísimos ya no son ciencia ficción: son una bajada más en la lista de tareas de cualquier agencia de marketing del. Perdón, quise decir del mundo.
Qué propone Gates para que no se venga todo abajo
- Gravar a los robots y sistemas de IA con impuestos comparables a los que pagan los trabajadores humanos, de modo que reemplazar a una persona por un algoritmo no salga gratis.
- Reservar legalmente ciertos oficios vinculados a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional para personas, incluso cuando la tecnología pueda hacerlos, para preservar empleo y vínculo humano.
- Tratar el bioterrorismo asistido por IA como un problema global y coordinar respuestas entre países, porque ningún estado puede resolverlo en soledad.
- Regular el uso de IA en armas autónomas y campañas de desinformación, donde la dificultad de atribuir responsabilidades vuelve más fácil que un error o un ataque quede impune.
Lo que conviene llevarse a casa
Hay una parte del ensayo que a mí, como laburante de la información, me hace ruido: Gates dice que el cambio va a ocurrir en una década, no en generaciones. O sea, no nos da ni el consuelo de que "mis hijos verán el problema". Lo vamos a ver nosotros, los que estamos vivos y bancando la hipoteca.
Y acá va mi confesión de ironía barata: cuando leí "impuestos a los robots" pensé automáticamente en ARCA, en el monotributo, en el formulario 1043, en la cola del banco un martes a las diez de la mañana. La sola idea de que algún día un bot tenga CUIT y pague IIBB me parece la venganza poética perfecta contra todos los que vienen a vendernos que el futuro es sólo sol y champán.
El consejo práctico, ya que estamos: si trabajás en alguno de los rubros que Gates menciona, no esperes a que tu jefe te avise que la IA se sentó en tu silla. Empezá hoy a entender qué tareas tuyas puede hacer un modelo, cuáles son las que te diferencian y cuáles dependen de un contacto humano que ninguna máquina va a reemplazar sin que alguien lo note. Y si te dicen "tranquilo, esto no va a pasar", recordá que esta vez la advertencia no la firma un periodista tecnooptimista: la firma el que construyó la herramienta que cambió el siglo XX.
Dicho esto, también vale la pena ser justos: el ensayo de Gates es una opinión, una propuesta, un llamado de atención. No es la última palabra. Pero cuando el creador del software más usado del planeta se toma seis mil palabras para decir "ojo", algo de razón tiene. O, como mínimo,. Disculpen, se me escapó el teclado en cirílico. Les decía: merece ser leído.
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