Martes, 8 de septiembre de 2026
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El blue quedó a 1.545 pesos y el mayorista avanzó apenas 0,2% en una jornada con poco volumen por el feriado en Estados Unidos

Cotizaciones acotadas, reservas en baja y un septiembre que, según los analistas privados, arrancó con menos presión cambiaria gracias al campo, la energía y la deuda externa.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · 8 de septiembre de 2026 · hace 4 h

A 1.545 pesos cerró el lunes el dólar blue en las cuevas del microcentro porteño, con una suba de apenas cinco pesos respecto del viernes anterior, en una jornada que dejó como saldo una vez más la sensación de que el mercado cambiario argentino transita una suerte de calma relativa, aunque todavía hay que mirar hacia adelante porque las definiciones del Gobierno nacional sobre el régimen monetario y la acumulación de reservas siguen pendientes y, como me acostumbra a repetir un viejo colega del rubro, en esta Argentina una semana sin sobresaltos ya es motivo para desconfiar. Lo concreto es que la cotización paralela acumula en lo que va de septiembre una baja de diez pesos, un dato que, leído en clave política, muestra que el carry trade y las expectativas de devaluación están nuevamente recalibrándose a la baja, al menos por ahora.

El dólar oficial al público en las ventanillas del Banco Nación se mantuvo sin cambios en 1.530 pesos para la venta, mientras que el promedio en el sistema financiero quedó en 1.529,19 pesos para la venta y 1.477,63 pesos para la compra, según los registros que difunde a diario el Banco Central de la República Argentina. El mayorista, en tanto, ganó 3,50 pesos y terminó la rueda en 1.511,50 pesos, lo que equivale a un avance del 0,2% en el día y a una suba acumulada de apenas tres pesos en lo que va del mes, un movimiento que se inscribe en la estrategia oficial de crawl peg del 1% mensual, que es la velocidad de deslizamiento que el propio equipo económico del Ministerio de Luis Caputo se empecinó en sostener como ancla nominal de aquí hasta las elecciones legislativas de octubre.

Volumen, reservas y el feriado que se sintió

El dato más relevante de la jornada, a mi entender, volvió a ser el volumen operado en el segmento de contado, que apenas alcanzó los 299,4 millones de dólares, menos de la mitad de lo que venía moviéndose la semana anterior, y esa merma se explica por el feriado en Estados Unidos con motivo del Día del Trabajo, que dejó a buena parte de los operadores institucionales sin contrapartes del exterior para arbitrar contra el peso, aunque también refleja que el mercado local sigue mostrando una liquidez bastante limitada en momentos en que las tasas en pesos superan el 40% anual y desalientan la venta de dólares por parte de quienes tienen la suerte o el oficio de tenerlos. A la par de esa operatoria reducida, las reservas internacionales brutas del Banco Central cerraron en 50.733 millones de dólares, con una caída de 23 millones respecto del viernes, un retroceso que vuelve a poner el foco en la deuda que la autoridad monetaria mantiene con el Tesoro por los pases remunerados y en las restricciones que pesan sobre la acumulación de divisas genuinas por parte del propio BCRA, que es uno de los tantos temas que el Estado todavía no resolvió del todo y que más temprano que tarde va a tener que empezar a discutirse con mayor seriedad técnica en el Congreso y no solo en las mesas de los grandes bancos de inversión.

Septiembre arrancó con otro viento

Los analistas privados que relevaron las principales consultoras del país coinciden en señalar que septiembre arrancó con condiciones más favorables para la estabilidad cambiaria, y mencionan, en primer término, una menor demanda de dólares por parte del sector energético gracias a la normalización de la temporada invernal y a la entrada en operación de nueva capacidad del gasoducto Presidente Néstor Kirchner, que permitió reducir las importaciones de Gas Natural Licuado que durante los meses de frío suelen presionar fuerte sobre las necesidades de divisas de la economía, además de una mayor oferta por el lado del campo, que viene liquidando cosecha gruesa a buen ritmo porque la soja y el maíz se siguen vendiendo con un tipo de cambio real que, medido contra la inflación de julio y agosto, sigue dando una rentabilidad razonable para los productores más grandes de la pampa húmeda.

  • Menor demanda de dólares para importar energía tras el pico invernal.
  • Mayor liquidación de divisas del sector agropecuario por ventas de soja y maíz.
  • Ingreso de fondos por colocaciones de deuda externa del Tesoro en los mercados internacionales.
  • Reducción de algunas presiones cambiarias que habían pesado en meses anteriores.

A la lista de factores hay que sumarle las colocaciones de deuda externa del Tesoro, que en las últimas semanas captaron buena parte de la atención de inversores del exterior y aportaron dólares frescos al mercado, aunque también dejaron la duda de cómo se va a sostener ese flujo cuando el calendario financiero internacional vuelva a complicarse hacia fin de año, sobre todo si la Reserva Federal de los Estados Unidos decide seguir subiendo la tasa de interés de los fondos federales para controlar la inflación que aún preocupa a Jerome Powell y a su directorio, que es otra variable que el Gobierno argentino todavía no terminó de resolver porque depende en buena medida de lo que ocurra en Washington y no de la voluntad oficial de acá. Con todo, el cuadro general muestra que el dólar mayorista acumula desde el 1 de enero de 2026 una suba de apenas 56,50 pesos, equivalente a un 3,9%, un dato que, comparado con la inflación acumulada del período, confirma una apreciación real del peso que empieza a generar ganadores y perdedores bastante definidos: pierden los exportadores netos del agro y ganan los importadores y quienes tienen ingresos dolarizados, aunque esta fotografía puede cambiar rápido si el escenario internacional se desestabiliza. Como suelo repetir en esta columna, no hay que confundir la calma de una semana con la estabilidad de un año, y el segundo semestre promete más ruido cambiario del que muchos imaginan, porque todavía quedan por delante los pagos de deuda con el Fondo Monetario Internacional, la revisión de las metas con el organismo y, sobre todo, la herencia no resuelta de los pasivos remunerados del Banco Central, que es el verdadero elefante adentro de la habitación que el equipo económico no termina de nombrar con todas las letras.

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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