El frío vuelve a colarse por las ventanas: las guardias pediátricas se saturaron en cinco semanas
El Virus Sincicial Respiratorio empuja un segundo pico que llegó con retraso y que tiene a los bebés menores de un año como los más expuestos; en la provincia, las atenciones semanales de urgencia pasaron de 561 a 1.612.
Llegué a la guardia del hospital con la campera todavía puesta y el olor a café de la esquina todavía en la nariz, y ahí nomás me topé con la fila de mamás y papás que se estiraba hasta la vereda. Hay noches en que el frío no se va ni cuando uno se refugia adentro, y esta vez parece que tampoco se fueron los virus. Les cuento lo que viene pasando, porque a mí me tocó escucharlo de boca de una vecina del barrio San Martín mientras esperaba turno, y la verdad es que la cifra que me dio el ministerio de Salud me dejó helado.
Resulta que entre finales de julio y principios de septiembre las consultas pediátricas de guardia por enfermedades respiratorias casi se triplicaron: pasaron de 561 a 1.612 atenciones por semana, lo que significa un salto del 187 por ciento. Si uno mira el total, sumando a grandes y chicos, el número también se duplicó y pasó de 1.620 a 3.339 atenciones en el mismo período. Para que se entienda mejor: en apenas cinco semanas, las guardias se vieron desbordadas por cuadros de tos, mocos, fiebre y, sobre todo, por chicos con dificultad para respirar.
Un virus que se cuela entre los más chicos
Lo que está pasando no es un capricho del clima sino la confirmación de un segundo pico respiratorio que llegó más tarde de lo que suele ocurrir. El primero había sido alrededor de la semana 21, cuando el que mandaba era el virus de la influenza y se contabilizaron 4.431 consultas totales de guardia. Ahora, en cambio, el que se quedó con el protagonismo es el Virus Sincicial Respiratorio, más conocido por su sigla, VSR.
El VSR se transmite por las gotitas que despedimos al toser o esternudar, pero también cuando uno toca una superficie contaminada y después se lleva la mano a la cara, algo tan sencillo como apoyar la mano en una baranda del colectivo. En los adultos y en los niños más grandes la cosa suele quedarse en un resfrío común, con congestión, algo de tos y malestar general, como me decía María Laura, que vive en el barrio San Cayetano y la semana pasada pasó tres noches con su nena de cuatro años sin pegar un ojo. El problema de verdad aparece cuando el virus se mete en los pulmones de los bebés y los chicos más pequeños: ahí puede bajar hasta los bronquios y provocar bronquiolitis, esa inflamación que suena feo y que en los recién nacidos puede complicarse de manera seria. También puede derivar en neumonía.
- Los menores de un año, en especial los recién nacidos, son los que más riesgo tienen de caer con un cuadro grave.
- Una infección por VSR deja a los chicos con más probabilidades de repetir episodios de sibilancias y asma en los próximos años.
- El VSR no afecta a todos por igual: mientras a un adulto le puede dar un resfrío pasajero, a un bebé prematuro o menor de tres meses lo puede dejar internado.
- La bronquiolitis no se trata con antibióticos: hay que mantener al chico hidratado, controlar la fiebre y, sobre todo, estar atentos a las señales de alarma como respiración rápida, hundimiento del pecho o que los labios se pongan morados.
Una vacuna que se puede aprovechar antes de nacer
Ahora bien, lo que me parece importante remarcar, porque a mí me cambió la forma de mirar el tema cuando lo averigüé, es que existe una herramienta concreta y al alcance de la mano. El ministerio de Salud viene recordándolo cada vez que sale a hablar del tema, y la verdad es que merece la pena repetirlo: las personas gestantes que estén entre las 32 semanas y las 36 semanas y media de embarazo pueden aplicarse de manera gratuita la vacuna contra el VSR. La dosis, según me explicaron, le pasa anticuerpos al bebé a través de la placenta y lo protege durante sus primeros seis meses de vida, que es justo la etapa en la que el riesgo de bronquiolitis grave es más alto. O sea, la defensa la construye la mamá antes de que el chico salga al mundo, como quien va preparando el rancho antes de que llegue el aguacero.
Por lo demás, lo que se vio este año ya había pasado también durante 2024, cuando la temporada respiratoria tuvo un comportamiento en dos picos bien marcados, así que los especialistas saben que el fenómeno se repite y por eso insisten en no bajar los brazos. Mientras tanto, en las guardias se sigue viendo a padres que llegan con el bolso preparado para una noche larga, enfermeras que corren de un box a otro y pediatras que apenas si alcanzan a sentarse. Y en la puerta del hospital, otra vez, el río de gente que no afloja.
