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Neuquén le gana otra pulseada al río: tres kilómetros nuevos de costa para caminar, pedalear y quedarse un rato

La capital cumple 122 años y lo festeja inaugurando el tramo más ambicioso del Paseo Costero, con un mirador elevado sobre el Limay que ya se convirtió en la nueva postal de la ciudad.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 9 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A esta altura del año, en Neuquén, el calor todavía se hace sentir sobre el asfalto y la gente busca donde agarrar un poco de sombra o, mejor todavía, un poco de brisa del río. Para los vecinos que viven en el barrio Confluencia, la cita es ineludible: este sábado 12 de septiembre, justo cuando la ciudad cumple 122 años, la Municipalidad va a cortar las cintas del tramo más ambicioso del Paseo Costero, esa obra que fue cambiando para siempre la relación entre la capital y su frente de agua. Son más de tres kilómetros nuevos que se enchufan a una traza que ya venía creciendo y que, con esta incorporación, alcanza los 33 kilómetros lineales sobre las riberas del Neuquén y del Limay.

El recorrido habilitado va desde la calle Chocón hasta la calle Aguado, siguiendo el curso del agua hacia el sur. La obra incluyó pavimentación de la calle vehicular, veredas de hormigón, una bicisenda de concreto asfáltico, iluminación led y mobiliario urbano nuevo. El punto más llamativo, el que ya se está robando todas las fotos en los grupos de WhatsApp del barrio, es un mirador elevado en la proyección de la calle Figueroa, que funciona como balcón sobre el río. La señalización y la conexión vial en ese cruce son los últimos detalles que se terminan antes del corte de cintas.

Una ciudad que estaba de espaldas al agua

Para llegar, el acceso principal desde el centro es por la ribera del río Neuquén, siguiendo la traza ya existente del Paseo Costero hacia el sur. El tramo nuevo es apto para caminatas, ciclismo y cualquier actividad al aire libre que se les ocurra, y el formato es abierto, sin costo de ingreso, lo que lo convierte en una opción directa para el fin de semana largo que se viene.

La inversión total del tramo fue de 15.000 millones de pesos, financiados íntegramente con recursos municipales, algo que desde el Ejecutivo local remarcan como un punto central de la gestión. María Pasqualini, secretaria Jefa de Gabinete de la Municipalidad, fue la encargada de ponerle palabras al cambio de época y señaló que con esta extensión la ciudad completa, que estaba de espaldas al río, va a quedar mirando al río, una frase que resume el espíritu de un proyecto que empezó chico y que hoy ya se transformó en el paseo urbano más largo de la Patagonia.

Por lo bajo, en la zona ya se escucha el comentario típico de los vecinos que llevan años peleándola: "yo te dije que esto iba a crecer", me dice Raúl, del barrio Confluencia, mientras apoya la bici contra uno de los nuevos bancos. Para él, la gran diferencia es que antes la costanera era un trayecto que se cortaba de golpe y ahora empieza a tener sentido caminarla entera, sin sobresaltos, casi como un ritual de la tarde neuquina. Y en esa conversación siempre aparece una palabra que los más grandes todavía usan sin pensarlo, esa que en guaraní quiere decir algo así como "reunirse al reparo", y que en criollo significa simplemente juntarse a charlar a la sombra cuando aprieta la solana.

Lo que viene: completar la ribera de punta a punta

  • Un trámite judicial resuelto esta semana habilitará la licitación del tramo que bordea la confluencia de los dos ríos.
  • La obra irá desde el puente de Balsa Las Perlas hasta el Parque Agreste.
  • La idea municipal es terminar la ribera sin interrupciones, uniendo Limay y Neuquén en un recorrido continuo.
  • El mirador de calle Figueroa queda como nuevo punto de encuentro y escenario para fotografías de la ciudad.

Por ahora lo que queda es lo de siempre: caminar, pedalear, sentarse un rato y mirar cómo el agua se lleva la última luz del día. Pero ahora, gracias a estos tres kilómetros nuevos, los vecinos de Confluencia y de toda la capital neuquina tienen un motivo más para salir a la vereda, dejar la mesa tendida y bajarse hasta el río a despedir la tarde, con la sensación de que, por fin, la ciudad y su costa se están mirando cara a cara.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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