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Neuquén se prepara para un viernes crudo: el valle pide paciencia y la cordillera, respeto

La capital neuquina amanece con el cielo tapado y un viento oeste que no afloja, mientras la montaña sigue castigando con nieve y ráfagas que el sábado podrían superar los 80 kilómetros por hora.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 28 de agosto de 2026 · hace 3 h

Hay mañanas en Neuquén en las que uno sale a la vereda y siente que el aire le pega de costado antes de cruzar la esquina, y este viernes 28 de agosto arranca justamente con esa sensación: un frío seco que se mete por el cuello del saco y un cielo que empieza entre claritos pero ya se nota que va a terminar cubierto, como si alguien le fuera bajando una persiana de a poco a lo largo del día. La máxima, según el parte de la Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas, se va a quedar ahí nomás, cerca de los 16 grados, y a la noche el termómetro se va a derrumbar hasta los 4 grados, con un viento del oeste que sopla entre 21 y 26 kilómetros por hora y que, cuando se enoja, mete ráfagas de hasta 35, que es lo que de verdad le pone sal a la jornada y la convierte en una de esas en las que uno vuelve a guardar la campera fina hasta el año que viene.

Mientras camino por el centro me cruzo con Ricardo, que vive en el barrio Santa Genoveva y me dice, mientras se acomoda el gorro, que él ya aprendió la lección de estos días: "uno mira el cielo a la mañana y se confía, pero a las cuatro de la tarde ya estás corriendo para la parada del colectivo con los dientes flojos". En criollo, y si me permiten la palabra que a veces se cuelga del lenguaje de la zona, a esto lo llamamos un día kambuchi, término guaraní que se usa para describir ese tiempo que parece cambiar a cada rato y que termina jugándote una mala pasada si salís mal vestido.

El valle respira el sábado y el domingo

La buena noticia para los que viven en la capital y en el Alto Valle es que el fin de semana viene con un alivio lento pero sostenido: la AIC prevé tiempo más estable tanto el sábado como el domingo, con un ascenso gradual de la temperatura que va a permitir, al menos, planificar una salida sin tener que andar revisando el teléfono a cada rato. Eso sí, el lunes la inestabilidad vuelve a asomarse con el cielo otra vez tapado, así que la mejora del finde hay que aprovecharla sin colgarse, porque parece que el otoño todavía no está dispuesto a soltar la mano.

Cordillera y zona centro: otro partido

  • Lagos del sur: máxima de 0 grado el viernes, nevadas débiles durante la noche y mínimas de -2 grados, con ráfagas del oeste y noroeste de hasta 43 kilómetros por hora.
  • Sábado y domingo en cordillera: siguen las nevadas y las mínimas podrían tocar los -6 grados hacia el domingo, con viento que no da tregua.
  • Zapala, Cutral Co y Plaza Huincul: viernes con 10 grados de máxima y 6 de mínima, cielo variable y ráfagas de 41 kilómetros por hora; el sábado será el día más complicado, con ráfagas que podrían superar los 80 kilómetros por hora.
  • Domingo en esa misma zona: recién ahí se espera cielo despejado, pero con una caída brusca hasta los -2 grados, una combinación clásica de cielo limpio y helada dura.

Lo que termina de cerrar el panorama es esa diferencia enorme que hay entre el valle y la montaña, que es como comparar dos mundos en la misma provincia: mientras Neuquén capital parece prometer un finde amable, con tardes que invitan a sentarse en una plaza o a caminar por la costanera del río Limay, las rutas y los destinos de montaña piden otra actitud, otra ropa y otra paciencia, porque el viento arriba no es el mismo viento de la ciudad y la nieve, aunque sea débil, complica los caminos y hace que cualquier viaje se estire un par de horas más de lo previsto.

“Acá uno mira el cielo a la mañana y se confía, pero a las cuatro de la tarde ya estás corriendo para la parada del colectivo con los dientes flojos.”Ricardo, vecino del barrio Santa Genoveva

Y a mí me queda, mientras el viento del oeste me empuja por la vereda y veo a la gente apurarse con las bufandas bien tiradas hasta la nariz, la imagen de esa cordillera que esta semana se puso el poncho blanco de las nevadas y que no parece tener apuro por sacárselo, un manto de hielo que va a seguir colgado de los cerros mientras en el valle uno, apenas pueda, se saca un par de capas y se vuelve a sentar a tomar un café, como si fueran dos Neuquenes distintas conviviendo en la misma provincia y unidas, igual, por el mismo cielo gris que esta tarde va a tapar todo el Alto Valle.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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